En la banda sonora de «Jojo Rabbit» del neozelandés Taika Waititi

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS
Félix Morriña

Después de haber disfrutado un fin de semana productivo, muy emotivo por las fechas, además de los encuentros y desencuentros propios del momento histórico que estamos viviendo en México, tuve la oportunidad de ver un filme famoso, arriesgado, comprometido y propositivo en muchos sentidos, visto desde el ojo de un chico influenciado por el nazismo de Adolfo Hitler, durante la Segunda Guerra Mundial: “Jojo Rabbit” (Taika Waititi, 2019).

Tras la sorpresiva llegada a mi hogar de mi adorada “Margaret Tatcher del altiplano mexiquense”, después de su estancia en Montreal, Canadá; y el triunfo de mis queridos Pumas sobre los apreciables Diablos Rojos del Toluca (3-2), partido que se jugó en el estadio La Bombonera, a unos pasos de la sala de conciertos “Felipe Villanueva”, en donde simultáneamente se llevaba a cabo la ópera “Juana de Arco” (“Honegger”) de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM), me dispuse a disfrutar plenamente este filme que me dejó satisfecho, convencido de que la poesía escrita en alemán por el maestro checo, de madre judía, Rainer Maria Rilke, fue excelente pretexto para escuchar lo mejor de ambas culturas abordadas en la película.

La cinta inicia con la euforia propia de un encuentro masivo nazi teniendo como fondo una de las canciones más ñoñas del cuarteto de Liverpool, The Beatles, “Komm Gib Mir Deine Hand” (“Quiero tomar tu mano”), cantada en alemán, con lo que enfatiza que será una comedia con altas dosis de humor anti negro, anti semita y un anti mundo, negando todo lo que no sea ario.

La rola “Tabú” de Lecuona Cuban Boys me pasó desapercibida, mientras que “The Dipsy Doodle (feat con Chick Webb)” de Ella Fitzgerald hizo notar a cabalidad su intervención en la película del pintor, actor, cómico y cineasta neozelandés Taika Waititi, quien se llevó una estatuilla y los aplausos en la pasada entrega de los Premios Oscar por la adaptación del libro “Caging Skies” de Christine Leunens.

Cuando apareció la rola del maese Tom Waits, “I Don’t Wanna Grow Up”, “Jojo Rabbit” tuvo sentido para mí, en medio del constante cambio de estados de ánimos provocados por la difícil temática del nazismo en el mundo y su creciente y fortísima reaparición en el mundo occidental, pero además, en esta ocasión, abordado desde la comicidad. No es fácil asimilar a un Adolfo Hitler caricaturizado.

La primera vez que la madre de “Jojo Rabbit” le indica que un niño de 10 años debe trepar por los árboles y caerse de ellos, en lugar de pensar en la guerra y en el irrisorio exacerbado nacionalismo alemán, para que disfrute del regalo de la vida y lo demuestre bailando, hizo que este #ServibaryAmigo, se levantara de su asiento para festejar a lado de ellos, porque en efecto, la danza contemporánea, el baile en sí, es un festejo a la vida, en medio de tanta tragedia humana. Después de esta invitación, sigue una escena memorable en la película: el paseo en bicicleta de mamá e hijo a lado de un convoy de alemanes que van de regreso a casa para ver a sus familiares, teniendo como fondo la rola del maestro Roy Orbison, “Mama”.

Sin duda, para este interlocutor, la parte más emotiva del filme del 2019, con duración de 108 minutos en idioma inglés, es al final de toda esta tragicomedia, en la que la amistad, el amor, el interés por conocer otra cultura, en especial, la de los considerados enemigos históricos y los que son diferentes a nosotros, es el eje cartesiano de una gran obra cinematográfica, que merece ser mejor valorada, mejor apreciada y aprovechada por toda la familia.

Es precisamente, al final de la película que aparece un sentido y merecido homenaje al “Delgado Duque Blanco”, David Bowie (quien era muy apreciado en Alemania, donde vivió o vive su hijo), al escucharse en idioma germano “Heiden” (“Héroes”), el tema que redondea la historia, en la que “Jojo Rabbit”, entiéndase el niño de 10 años, Johannes Betzler (caracterizado por el genial actor británico Roman Griffin David), y la adolescente judía Elsa Korr (Thomasin McKenzie), bailan una vez terminada la Segunda Guerra Mundial en la calle. ¡El baile como una forma de sanación! ¡El baile como un homenaje a la libertad!

En los créditos de inicio y fin de la película aparecen los Niños Cantores de Viena interpretando “Frühlingsstimmen” de J. Strauss II, haciéndote enchinar la piel por su nivel de ejecución. El resto de la banda sonora es un exquisito ambiente creado por el compositor estadounidense, especializado en bandas sonoras, Michael Giacchino, quien logra un perfecto engranaje cinematográfico. ¡Es más!, la música incidental creada para la cruel escena en donde quedó colgada en la plaza de la ciudad la mamá de Jojo, la señora Rosie Betzler (una hermosa Scarlet Johansson), condenada en vida a ser “atractiva”, te deja con un nudo en la garganta.

En resumidas cuentas, la película es un divertido, agridulce y sentido homenaje a la tolerancia, el respeto, la dignidad, solidaridad y la vida. ¡Muchas gracias «Jojo Rabbit«!

¡Nos buscamos, nos vemos, nos escuchamos, nos entendemos! ¡Abrazos fortísimos para todos!

“Jojo Rabbit”, tráiler:

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