• El fin de semana dirigió a la OSEM en la Sala Felipe Villanueva.
  • Deleitó al público en el Centro Cultural Toluca, en el marco de la FILEM.

SILENCIOS ESTEREOFÓNICOS

Félix Morriña

 El mejor flautista barroco de México, Horacio Franco, no usa calcetines durante la gala en la que se convirtió en director huésped de la que él ha llamado la mejor orquesta del país: la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM).

La velada del pasado viernes 27 de septiembre, durante el primer concierto de dos que ofreciera este fin de semana en Toluca, en la Sala Felipe Villanueva, Horacio Franco salió ataviado con un elegante, vanguardista, pero nada sofisticado y pretencioso atuendo: saco negro con hilos color oro, una camisa negra que dejaba ver sus bien trabajados pectorales; pantalón y zapatos del mismo color.

   

Esa noche, Horacio Franco dirigió sin batuta a una entregada OSEM. Todo lo hizo con las manos. Tiene una enérgica manera de dirigir a los 14 músicos con los que empezó a tocar la serenata N. 10, “Gran Partita” de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), ante una sala que se fue llenando de público conforme iban pasando los allegros, menuettos y adagios del genio de Salzburgo, muerto en Viena. ¡La pieza dura casi una hora!

Para cuando Franco estaba tocando varias de sus sofisticadas flautas en la pieza de Bach (1685-1750), “Síntesis de las cantatas BWV 29 y 35 y el preludio BWV 997”, la Sala Felipe Villanueva de Toluca logró estar a tres cuartas partes de su capacidad. Cualquiera se preguntaría el por qué no se llenó el foro cultural toluqueño más importante para recitales de esta envergadura, tratándose de una figura de talla internacional, como Horacio Franco, y nadie sabe a ciencia cierta la respuesta.

Incluso, se esperaba más público en su segunda presentación en el marco de la quinta Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM o FilemMx), la noche del pasado sábado 28 de septiembre en el Centro Cultural Toluca (CCT), pero en esta ocasión influyó sobremanera el frío y lluvioso clima del altiplano mexiquense, a dos mil 600 metros sobre el nivel del mar.

El director huésped de la OSEM, para el segundo programa de la Temporada 141, la cual empezó la semana previa, se comportó a la altura, al grado de hacernos situar en las exquisitas formas musicales de Mozart, como en la arquitectura musical de Bach con la “expertis” de Franco en las flautas y el romanticismo clásico y sensual de Schubert. La segunda parte del recital, Horacio Franco dirigió la “Sinfonía N. 4 en do menor D. 417” de Franz Schubert (1797-1828), la cual está compuesta por cuatro movimientos ejecutados en poco más de media hora de placer auditivo.

Horacio Franco, como director huésped es tan enérgico, como preciso y elegantemente punk. Ejecuta mientras dirige. Él hace que la música clásica sea accesible al oído, le quita pesadez, gracias a que no hace que los atrilistas, sus músicos en ese momento, lean partitura, sino que la vivan, la sientan como si ellos la hubiesen compuesto. Horacio Franco sobre el bello escenario de la sala Felipe Villanueva con la OSEM se convierte en un neonómada musical, un parnaso, un ente libre que lleva notas a todos aquellos que deseen lo mejor de sí.

A los que se hicieron presentes en este recital, como en todas las actividades de la quinta Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), en el Centro Cultural Toluca, la cual acaba el próximo domingo 6 de octubre, llamó poderosamente la atención la actitud-aptitud del director de la OSEM, Rodrigo Macías González, quien analizaba desde el butaquerío a detalle el quehacer de su amigo Horacio Franco. Movía la cabeza aprobando cada movimiento, parecía director técnico de fútbol con marcador en contra, que al final mete al jugador estrella lesionado para sacar la casta y ganar el partido.

¿Alguien recuerda a Diemecke, Enrique, el otrora director de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN)? Bueno, si Diemecke bailaba al dirigir como sexópata excéntrico, Franco, Horacio, actúa, hace performance y sabe que eso influirá en la música al dejarla libre y fluir, fluir, fluir.

A Franco se le recordará como uno de los mejores flautistas barrocos del mundo y un director de orquesta “in crescendo”, en progreso constante. Lo mejor de Horacio Franco es verlo tocar la flauta a una velocidad inalcanzable e incomprensible, para dejarte satisfecho de toda pesada faena, o de todo mal que aqueje tu ser. La música de Horacio Franco, sana…
¡Lo demás, resulta sencillamente grato!

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