Luis Daniel Cruz Monroy

19 de marzo de 2018

Es el tema obligado de esta semana y se llama Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, en su edición 2018, el cual se llevó a cabo el pasado 17 y 18 de marzo y reunió a más de 120 mil personas.

Hablar de un festival que se realiza desde 1998 (excepto 1999 y 2002), que cada año ha ido incorporando nuevos elementos que lo posicionan como uno de los festivales más importantes del mundo, que tiene en sus filas a la principal escena musical de nuestro país y del extranjero y que en unas líneas no se puede siquiera minimamente describir; es entonces una proeza casi imposible pero aquí voy, con una visión subjetiva de lo que los asistentes pudieron ver y vivir durante el fin de semana pasado.

Lo primero es reconocer el gran trabajo de la producción para tener un line up de calidad, es de agradecer que los headliners sean de altísimo reconocimiento internacional o que en otras circunstancias no sería muy difícil que asistiera a nuestro país. Como ejemplo podemos dar algunos nombres: Gorillaz, Noel Gallagher, Morrissey, Residente o Queen of the Stone Age que sobresalieron por la calidad musical e interpretativa que realizaron en su ejecución.

Pero la escena local estuvo presente, a las bandas locales no se les hizo a un lado y los asistentes tuvieron la oportunidad de escucharlas y quizá hicieron lo que yo califico como la esencia misma de asistir a festivales: disfrutar y conocer música nueva, otras propuestas, otros géneros, los cuales te abren los ojos a lo que se hace, a lo que también se llama música.

Con tres escenarios y dos carpas se llevaron a cabo las presentaciones musicales, cinco lugares en donde se pudo escuchar todo tipo de géneros. Además la ya tradicional zona Ambulante, donde se presentaron diferentes producciones cinematográficas en torno a la música y una innovación que valió mucho la pena: Casa Comedy, el lugar para ir a reír un poco y en momentos para no parar de reír, con la intervención de diferentes “Standuperos”, la gente (que en su mayoría estaba ahí previa decisión) disfrutó esta zona y la hizo suya, debemos decir que en ninguna intervención estuvo vacío.

Algo que hay que mencionar fue la actividad del Escenario Momentos Indio, que básicamente no está dentro de las actividades programadas pero es el lugar en el que durante los años anteriores se han hecho “palomazos” entre diferentes invitados, representantes de bandas que participaron en la edición del festival o no.

Solo para dar un ejemplo, en un momento estaban en escenario: Cenntavrvs con Luis Humberto (vocalista de Enjambre), Anita Tijoux, Julio (vocalista de Amigos Invisibles) y Rubén Albarrán (vocalista de Café Tacvba). O en otro momento compartieron escenario The Guadaloops con Dante Spinetta, Pato Machete, Fermín IV y Charles Ans. Simplemente este lugar fue la locura y la válvula de escape del público durante sus diferentes participaciones.

Estas palabras tratan de decir lo que quizá otros medios no dirán, tratan de describir qué es vivir un festival tan grande como este Vive Latino, que está muy lejos de vivir un Coachella o un Glastonbury, o simplemente diferente; lo que es cierto es que siempre lo que pase en un festival será el espejo mismo de la sociedad que asiste a ese evento.

Lamento tener que decir que no solo hubo felicidad y alegría, la inseguridad vivida estuvo latente en todo momento, el robo de celulares y carteras fue de lo más cotidiano, pareciera que había grupos muy bien organizados que estaban esperando el momento exacto para actuar, fingiendo estar borrachos o simplemente jugando entre ellos, aprovechaban para dejarse caer y robar algún objeto de valor a cualquiera que se dejara.

Pude observar mucha gente quejándose que le habían robado el teléfono o cartera y lamento mucho que esto pase en este festival porque más allá de todo, el acto habla por sí solo de lo que somos, si bien la inseguridad ganó, también los asistente jugaron un papel importante, es impresionante ver los abusos de las mismas personas vendiendo cosas que eran gratis, vendiendo la cerveza hasta en $200 sin que nadie pudiera hacer algo o simplemente atropellar a quien fuera para llegar al siguiente escenario antes que los demás.

Aunque la música nos une y el Rock nos hermana, la responsabilidad que tenemos y debemos asumir durante un evento tan grande y magnifico como lo es un festival es responsabilidad de todos, porque vivir el Vive Latino es para muchos una de las mejores experiencias que puedan haber, a pesar de todo.

Al final, la experiencia fue la deseada, la vivida con las fuerzas que cada quién tuvo y lo que se gana es la esperanza de que las nuevas generaciones harán la diferencia; conocí a Francelino Rodrigues, un brasileño que llevo a su esposa y dos hijas menores de 3 años al festival, quizá el momento más emblemático fue justo mientras Paté de Fua tocaba de fondo y la familia entera se divertía, jugaba y bailaba a la vista de más de una decena de personas que estaban más interesados en esta familia que en cualquier otra cosa. Felicidades Francelino por la oportunidad que le das a tu familia y por la enseñanza que nos das a todos nosotros.